AMORAMI

AMORAMI Diario

Autorizar

31 de julio de 2026 · AMORAMI Diario

Lo que pasa

Estábamos en la playa. Mi hija bajó con una ropa que a su padre le pareció demasiado para la calle. A ella no le dijo nada. A mí me buscó con la mirada, pidiendo una complicidad que yo no le di. Para mí, en ese contexto, no había nada malo.

Salimos a caminar por el paseo marítimo. Y ahí, sin mi hija delante, me lo dijo.

Que cómo podía permitir que saliera así. Que si a mí de verdad no me parecía mal. Que él buscaba que yo estuviera de su lado, y que en cambio sentía que lo dejaba solo, que no lo apoyaba en nada.

Entendí, mientras hablaba, que él también estaba en otro sitio. Que se le mezclaba su propia adolescencia, la mirada con la que él y sus amigos miraban entonces a las chicas, y el miedo de que alguien mirara así a su hija.

Le dije que si tenía un problema con su ropa, que lo hablara él con ella. Que fuera de compras con ella, si quería. Que autorizara él la ropa que le comprara.

La palabra “autorizar” lo enfadó todavía más. Empezó a levantar la voz.

Le pedí que me hablara bien, que podíamos hablar tranquilamente. Y seguí ahí, sin levantar yo también la voz.

Mientras hablábamos, mi cabeza se fue treinta años atrás. A mi padre, prohibiéndome salir con una minifalda. A la misma rabia sorda de entonces.

Lo que se remueve

Cuando terminé de decirlo, me quedé tranquila. Aliviada. Había dicho lo que pensaba, con la seguridad de creer de verdad en lo que decía.

Y en ese mismo momento, en medio de la tensión, apareció un deseo muy claro: ojalá pudiera compartir esto con otras mujeres. Contarlo, desahogarme, escuchar cómo lo viven ellas. No para resolverlo — solo para no sostenerlo sola.

Él siguió enfadado un rato. Yo me quedé ahí, tranquila, sin necesitar que dejara de estarlo para sentirme bien con lo que había dicho.

La mirada AMORAMI

No sé si hice lo correcto. Es lo que estoy aprendiendo a hacer.

Sostuve la conversación desde la calma, no desde la necesidad de tener la razón. Pedí que me hablara bien, sin gritarle yo también. En momentos así, me repito para mis adentros que elijo el amor antes que la lucha. Intento imaginar que eso también llega a él, aunque esté enfadado. Y tarde o temprano algo cambia entre los dos.

Y pienso en lo que eso significa para mi hija: que su madre puede no darle la razón a su padre cuando cree que no la tiene, pedir respeto sin perder la calma, y hacerlo sin necesitar su aprobación después.

Quiero creer que eso también le queda a ella. Que puede decir lo que piensa, con respeto y sin miedo a cómo reaccione el otro, pidiendo que le hablen bien si hace falta, y quedarse tranquila en su lugar aunque el otro siga enfadado.

No sé si esta vez lo resolvimos del todo. Pero sé que me quedé en paz con lo que dije.

YOSOYAMORAMIYOSOY

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