Lo que pasa
Esta semana, en su primer día de camino a la ESO, mi hija nos dijo, a su padre y a mí, que no quería que la dejáramos en la puerta. Y añadió algo más: que quería empezar a ir en transporte público.
Negociamos. Lo del transporte público tendría que esperar un poco más. Y fuimos hasta la entrada, como tres personas que se dirigen al mismo punto pero con cierta distancia.
Al llegar, buscó a sus amigas con la mirada. Y se fue con ellas.
Casi ni nos miró al despedirse.
Lo que se remueve
Me quedé con esa imagen. Y me vino de golpe otra: su primer día en la guardería. Después, el primero de infantil. Después, el primero de primaria.
En todas esas veces era yo quien la sostenía en brazos, quien la abrazaba fuerte antes de separarnos, quien esperaba a que se girara una última vez para decirme adiós con la mano.
Hoy ni se giró.
Sentí nostalgia. Sé que es la etapa que toca — sé que pedir ir sola, no ser acompañada hasta dentro, buscar a sus amigas antes que a mí, es exactamente lo que tiene que pasar ahora. Y aun así, dolió un poco.
La ESO es mucho más grande que su colegio de siempre. Va a cruzarse con decenas de chicas y chicos nuevos, cada uno con su propia historia detrás. A mí me genera inquietud pensar en todo lo desconocido que le espera. Y también ilusión, por todo lo que está por venir para ella.
La mirada AMORAMI
La niña que dependía cien por cien de mí, a la que tenía que proteger, nutrir, cuidar, ya no es la misma. Ese cuidado se transforma. Ya no es tan físico. Es más emocional, psicológico, espiritual.
Y nuestra relación también está cambiando de forma. Ella se vuelca en sus amigas. Físicamente ya no me necesita como cuando era pequeña.
Estoy aprendiendo cada día a acompañar a mi hija así, con más distancia. Elijo pensar en que la confianza que le transmito es la que la ayudará a avanzar segura, a pesar de las dudas.
Es justo en momentos como este cuando entiendo lo que viví en el Círculo AMORAMI Adolescencia piloto: que sentimientos así — la nostalgia, la inquietud, el vacío de una despedida sin mirada atrás — se sostienen mejor entre madres que los reconocen, que cuando una intenta cargarlos sola.
Aunque hoy, mientras la veía alejarse sin mirar atrás, no pudiera evitar echar de menos la mano y la mirada que buscaban las mías.
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